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Comedor Buena Nueva: Testimonio de vida en la fe

  • Gádice Elena Carrillo
  • 26 sept 2015
  • 7 Min. de lectura

Testimonio de Gádice Elena Carrillo.

Maracaibo- Venezuela

Mis inicios, un ángel tocó mi corazón

Desde 1999, en el sector El Gaitero, de la ciudad de Maracaibo en Venezuela, llegó una comunidad de laicos comprometidos con los pobres, conocida como Buena Nueva, e iniciaron unos cursos de promotores de salud donde me inscribí junto con mi esposo. Mi realidad, siendo madre de 6 hijos, no me permitía hacer este tipo de cursos, primero no tenía quien cuidara de ellos y, por supuesto, no menos importante, el machismo de mi esposo lo llevaba a decir barbaridades como “lo puedes hacer, pero debes llevarte a los niños”, pues o atendía a las clase o atendía a los niños, sin considerar que ellos perturbarían a las demás personas.

Yo siempre soñé con un comedor, donde no solo la comida fuera lo esencial, sino también incluir el alimento del alma, del espíritu. La idea era tener como excusa la alimentación, que bien era urgente, pero también a través de actividades educativas y recreativas organizar a la comunidad para atender a niños y niñas y, de este modo, brindar calidad de vida, integral, sin exclusión de ningún tipo. Con esto, entre ceja y ceja, comencé a asistir a los sectores el Gaitero, Maria Angélica de Lusinchi, Museo, Mi Esperanza y Amalwin, ubicados en la parroquia Luis Hurtado Higuera de Maracaibo, conocida más bien como zona roja gracias al amarillismo de algunos medios.

En las jornadas de promoción de salud a mí me correspondió el sector Amalwin, allí se hacía talla y peso de los niños, vacunación, entre otros. Cuando fuimos a buscar un espacio en la comunidad, nos enviaron a un terreno donde solo había tres postes con tres banderas, donde estaban varios vecinos reunidos con el presidente de la junta vecinal en ese entonces. Al manifestarles lo que deseábamos hacer y si nos podía permitir, la gente estaba medio recelosa, un espacio en el sector, el señor Alfredo Quero, uno de los fundadores de este sector, nos informó que era bueno que se hiciera, que allí varias mujeres habían abortado de manera espontánea porque debían cargar agua y hacer trabajos de hombres, muchas de ellas eran madres solteras y que, incluso, ya habían muerto algunos niños por desnutrición.

Recuerdo que visité a un niño que habían dicho que estaba mal por la desnutrición y quienes me dijeron se quedaron cortos, en realidad, lo que vi me conmovió, yo alguna vez pensé que solo en los pueblos de África se veía esto, de inmediato referí a este angelito a la unidad de nutrición del hospital Chiquinquirá, con muy pocas esperanzas de vida, estaba muy mal y, lamentablemente, a los días murió, no se pudo hacer nada.

La piedra fundacional, comienza el sueño

Luego de este suceso conmovedor, hablé varias veces con el señor de la junta de vecinos para conseguir un espacio donde pudiera funcionar el comedor. De hecho la comunidad se reunió y decidieron darnos por unanimidad el espacio de las tres banderas. Desde ese momento y hasta el sol de hoy, gracias al apoyo de la fundación Buena Nueva, en especial de mi hermano Elvy Monzant, empezamos a buscar recursos para construir un espacio para el comedor, en ese momento esta acción estuvo a cargo del hermano Daniel Guédez.

La organización panamericana de la salud que estuvo atenta y vio mi desempeño como coordinadora me envió al estado Mérida a dirigir allá la vacunación, me sentí con mucha fuerza, tener tamaña responsabilidad en mis hombros me daba aliento para seguir y luchar por mis hijos. Sin embargo, al regresar, me encuentro con que el hermano Daniel, designado por la comunidad Buena Nueva para impulsar en mi ausencia el comedor, no terminaba por aperturar el espacio y los hermanos de la Comunidad Buena Nueva me pidieron que me hiciera cargo del espacio como coordinadora, cargo que hasta el día de hoy ejerzo con orgullo.

Mis hermanos de comunidad con esto encontraron una manera de ayudarme para el sustento de mi familia, recuerdo que me daban una colaboración de 25 bolívares cada 15 días. Así empecé hacer realidad mi sueño, que no era para mí un trabajo como cualquiera, era mi estilo de vida, ayudar a los más necesitados, pues a pesar de mis dificultades, siendo viuda y con seis muchachos pequeños, había gente con más problemas que yo.

Más que alimentos, pan de vida

Más que alimentos, pan de vida

En el terreno comenzamos a construir, allí pinté con la ayuda de la señora Gladis Leal (†) y el 16 de marzo de 2003 abrimos el espacio con 40 niños y niñas que fueron evaluados por un médico y se encontraban por debajo de los valores nutricionales. Comenzamos dando alimento y juegos.

El dinero que teníamos ahorrados para el sostenimiento se desvaluó con el paro de 2002, eran momentos difíciles, no alcanzó para el primer año, pero por esos días venía a la comunidad una unidad móvil de asistencia médica, un equipo conformado por médico general, ginecólogo y nutricionista social. Ellos veían como yo siempre estaba buscando recursos para dar de comer a los 60 niños que teníamos para ese momento. Un día la social me dijo que el instituto de nutrición tenía un programa para las comunidades, que ellos habían postulado el centro y, como cosa del cielo, salimos seleccionados.

Asistí a la reunión y el promotor me dijo que me iban a dar alimento para 40 niños. Recuerdo que les dije: “Tengo 60 y se me va hacer más difícil conseguir la comida para 20 ya que si el primero come arroz y huevo, el último debe comer lo mismo”. A mí se me iba hacer difícil comprar lo que ellos no llevaban, mientras el promotor escribía y me decía “ten calma”. Al rato me dijo: “El ministerio te aprobó los 60 platos”. Mi corazón se salía del pecho, la alegría no cabía, era un gran logro, los beneficiarios obtendrían comida diaria sin mucho afán.

Así como se iban dando los acontecimientos, también iba creciendo el espacio. Se consiguió que algunos colegios hicieran dentro del espacio su servicio social. Además de la alimentación, fuimos poco a poco abriendo espacio en artes plásticas, tareas dirigidas, teatro, orientación humano cristiana. De hecho, por ser el único espacio que trabajaba cultura fue nombrado patrimonio cultural por la misma comunidad y estudiantes de Misión Cultura como del Comité de Cultura del Consejo Comunal, tan sólo a la espera que algún día el Instituto de Patrimonio Cultural del Ministerio dé su visto bueno.

Muchos de los trabajos del sector se hacen desde este espacio y esto me llevó a estudiar. Después de 6 hijos, volví a mis tiempos de bachillerato, rodeada entre libros, cuadernos, lápices y borradores, por supuesto, internet me facilitaba el trabajo, culminé el bachillerato y comencé a estudiar Gestión Social para el desarrollo local en una Aldea de la Universidad Bolivariana, luego de mucho esfuerzo, y algunos sinsabores, logré licenciarme y hacer un diplomado sobre educación a distancia con el Instituto Radiofónico Fe y Alegría, donde, por cierto, actualmente trabajo también.

La mujer que llegó solo con un 3ºaño de instrucción y un curso de promotor de salud tuvo que desarrollar un crecimiento personal, que le permitiera desenvolverse en la nueva realidad. A medida que se ha ido incrementando la exigencia en el hoy llamado Centro de desarrollo infantil Buena Nueva, porque pienso que trascendió el hecho de ser comedor, he tenido que seguir cultivándome.

Por la realidad del país y las nuevas políticas existentes el centro tuvo que dejar de dar alimento, pues durante estos 12 años se ha trabajado sin ideologías políticas ni religiosas, esto nos limita ante los extremos intereses de algunos bloques políticos existentes que no han entendido que el universo tiene sus matices, que no han aprendido a ver en colores, sino solo a dos colores, en razón de esto perdimos el beneficio de los alimento, no nos dieron más alimentos por no pintar murales de carmesí.

Sin embargo esto no me detuvo, digo así como lo hizo el apóstol Mateo (Mt. 4:4): “El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Siguiendo estas palabras de Jesús continúo, junto con mis hermanos de Buena Nueva y vecinos de la comunidad, trabajando desde otra realidad. Hoy se dan tareas dirigidas, teatro, artes plásticas, cursos de inserción laboral, recreación, trabajo con desplazados colombianos y se está proyectando un programa con alianza con la fundación Epekeina para atender a nuestros jóvenes a través del proyecto Jóvenes y Medios

Apuesto mucho por esta iniciativa porque considero que las comunidades necesitan comunicarse, verse reflejadas en sus medios, dar sus puntos de vista y resolver sus problemas locales con propuestas creativas y aquí deben tener la batuta los jóvenes. Esto me invita inclusive a repensarme en un nuevo rol que debo asumir y que debo empaparme en medios de comunicación, su manejo, buscar nuevas alianzas con emisoras y otros medios para que nuestros jóvenes puedan recibir más conocimiento.

En estos doce años y medio mi vida dio una vuelta de 180º grados, de la mujer desocupada ha nacido una que desea el día tenga 48 horas para poder servir a los hermanos que Jesús me ha regalado, siempre con una sonrisa sabiendo que no soy yo, que es DIOS quien hace posible todas las cosas.

Con todas estas responsabilidades, jamás abandoné a mis hijos, hoy por hoy, Dios me premio, tres son licenciados en educación, otra es auxiliar de laboratorio clínico, el otro es técnico medio en informática y el mayor es trabajador del Instituto Municipal de Ambiente y Aseo Urbano, lo importante es que son personas honestas, que se ganan la vida dignamente. ¿Y como lo logramos? Teniendo 5 minutos todos lo días, para hablar de cómo nos fue el día, comiendo juntos, jugando, bromeando y compartiendo alegrías, penas y como digo siempre 5 minutos de calidad. Una familia unida, permanece unida.

"Hoy hundimos nuestras manos en la tierra americana, para proteger la vida, para compartir el pan".

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