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Fernando Cardenal, un testamento de vida

  • Foto del escritor: Admin
    Admin
  • 29 feb 2016
  • 3 Min. de lectura

Sin duda alguna la partida, el pasado 20 de febrero de 2016, de Fernando Cardenal, sacerdote jesuita, deja un profundo vacío en el corazón de la Iglesia Latinoamericana. Este hombre, director de Fe y Alegría de Nicaragua, hasta sus últimos días trabajó incansablemente por la educación de los más pobres. Su figura emblemática siempre estará unida al canto y a la poesía de su hermano Ernesto Cardenal. Hoy como nunca será recordado por su cruzada contra el analfabetismo en el año 1980, dando luz a medio millón de almas, un tema que siempre tuvo presente.

No hay palabras exactas para describir su legado, este nicaragüense, nacido un 26 de enero de 1934, en Granada, tuvo una vida intensa, aproximadamente unos 5 años atrás, en clave visionaria, redactó su testamento, que hoy en Suma Qamaña queremos compartir con todos ustedes.

TESTAMENTO, DE FERNANDO CARDENAL, S.J.

¿Por qué espero ir al Paraíso después de mi muerte?

Voy a cumplir pronto 77 años y aunque no estoy jubilado y sigo trabajando, es natural a mi edad pensar,

sin dramatismo y con sencillez, que la muerte puede estar cerca. En cualquier momento. Un infarto masivo, una subida imprevista de la presión arterial (soy hipertenso), un accidente automovilístico, me pueden llevar a la muerte sin poder comunicarme con mi familia, mis compañeros jesuitas y mis amigos, por eso se me ocurrió escribir desde ahora las reflexiones que me gustaría trasmitir a la hora de mi muerte. Esto lo hago ahora. Primero haré unas reflexiones religiosas, luego sobre la situación actual de Nicaragua y termino dejando encargado dos a mis Superiores jesuitas, y familiares. Todo lo que les trasmitiré lo llevo muy profundo en mi corazón.

No tengo ninguna clase de bienes materiales pero quiero dejarles a mis familiares y amigos mis reflexiones.

Espero que me salvaré y que iré al Paraíso con Dios por varias razones, pero sobre todo, fuertes razones.

Jesús dijo: “El que crea y se bautice, se salvará” (Marcos 16,16). Fui bautizado a los pocos días de nacido y desde mi niñez he mantenido mi fe en Dios y en su enviado Jesucristo. Fe que se ha fortalecido y madurado con mis años de vida religiosa como jesuita. El Evangelista San Juan nos afirma en su primera carta: capítulo 4, versículo 15: “Si alguno reconoce que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios”. Esta fe la expreso todos los días cuando en mi oración le digo a Jesús con fe y amor, como el Apóstol Tomás: “Señor mío y Dios mío”. Yo confío en su promesa.

Refiriéndose a la Eucaristía, aparecen varios párrafos de Jesús en el capítulo 6 del Evangelio San Juan. Allí encontramos esta frase: “El que come mi carne y bebe mi sangre tendrá vida eterna. Y yo lo resucitaré el último día”. (Juan 6,54). Desde hace 58 años vengo participando o celebrando la Eucaristía todos los días de mi vida. Siempre la Misa diaria todos estos años. Esto me da una gran esperanza. Yo confío en su promesa.

En el capítulo 25 del Evangelio de San Mateo, del versículo 31 en adelante, Jesús describe el Juicio Final. Él dijo: “Entonces el Rey dirá: Bendecidos por mi Padre, vengan a tomar posesión del Reino que está preparado para ustedes desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y ustedes me alimentaron, tuve sed y ustedes me dieron de beber. Estaba sin hogar y ustedes me recibieron en su casa, estuve falto de ropa y ustedes me vistieron” etc “Dice también a continuación el Evangelio que éstos le preguntarán al Señor: “¿Cuándo fue eso?” Y dice el Evangelio que Él les dirá: “En verdad les digo que cuando lo hicieron con alguno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron.”. Es importante captar que Jesús no dice que lo que hago por esos pobres Él va a tomar como hecho a Él. No dice eso. Dice: “CONMIGO LO HICIERON”. Él se identifica plenamente con los pobres. Está clarísimo. En este contexto les cuento que el año 1970, después de vivir 9 meses con personas en extrema pobreza de un barrio marginado de la ciudad de Medellín, al despedirme de mis vecinos, a quien había llegado a querer mucho, en esos 9 meses de vivir con ellos me había encariñado mucho con ellos, y ese cariño me hizo sentir todos esos meses el dolor tremendo por la extrema pobreza; yo los veía como sumergidos en un mar de sufrimiento permanente, sin esperanza, entonces al despedirme de ellos les hice un juramento solemne, les dije “que dedicaría lo que me quedara de vida a la liberación de los pobres, a la lucha por la justicia, por amor a ellos, inspirados en ellos. En este presente año 2010 cumplo 40 años de aquel juramento, que sigo cumpliendo todos los días desde entonces.

Si quiere leerlo complete, clique en: http://goo.gl/y7W62t

"Hoy hundimos nuestras manos en la tierra americana, para proteger la vida, para compartir el pan".

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