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La hija de Medellín

  • Ángel Alberto Morillo
  • 28 abr 2016
  • 7 Min. de lectura

Ella es incansable, luchadora, ama la vida; no gusta de los protocolos y con mucha deferencia establece relaciones horizontales. Aun cuando en apariencia uno vea a una mujer pequeña, afable, dulce, maternal, mirada profunda, en su ser esconde un torrente de fuerza y determinación inagotables. Si uno buscara una forma orientalista de denominarla, muy probablemente, a ella la llamaríamos “Espíritu guerrero”. No obstante, esta peruana bautizada con el nombre de Laura Vargas, es la “hija de Medellín” como bien explica: “Muy joven fui miembro de una Congregación religiosa y durante ese tiempo pude estudiar Teología, lo que me da una nueva visión de la Iglesia y nuestra responsabilidad como miembros de ella; este tiempo coincide con Medellín, yo siempre digo que soy hija de Medellín, donde se realizó el Concilio en América Latina en el año 1968”.

Actualmente se desempeña como asesora de Doctrina Social de la Iglesia en la Comisión Episcopal de Acción Social de Perú y es referente de Trabajo de Derechos Humanos, Paz y Reconciliación en el Departamento de Justicia y Solidaridad (DEJUSOL) del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). Sin embargo, esto apenas es el corolario de su reconocido trabajo, sus luchas son de vieja data, en Medellín se hizo de las armas, a lo largo de su vida, esta sencilla mujer ha sabido sortear obstáculos y hacerle frente a la injusticia; ya uno entiende entonces porque los mejores perfumes vienen en frascos pequeños.

Tarma, una provincia de Junín, a 230 km de Lima, capital de Perú, fue la cuna de Laura un 19 de mayo 1948. Era una sola con su abuelita, de quien recibe el nombre. Fue una niña feliz, “con mucho cariño de parte de mis padres y abuelos, era muy habladora y preguntona, me encantaba leer, y era muy buena alumna, no recuerdo ninguna dificultad para estudiar, más bien era muy fácil, porque como leía mucho, sabía lo que me enseñaban antes de la clase. Me crie en el Callao, en la casa de los abuelos maternos, no tengo malos recuerdos, no teníamos de sobra, pero nunca faltó comida, ni ropa, ni estudios. Mi familia era muy religiosa y me criaron al estilo de la época siendo agradecida por todo lo que Dios nos había regalado, iba con mi abuelita a todas partes, yo me llamo Laura por ella”.

Siempre su vocación se centró en ayudar a los empobrecidos y excluidos como digna discípula del beato Romero. De allí que la primera aventura digna de contar es su experiencia de alfabetización con mujeres quechua- parlantes de las periferias más pobres del norte de Lima, ella misma dice que esa experiencia reafirmó su compromiso por una Iglesia pobre y para los pobres. Fueron 16 años alfabetizando que no son poca cosa.

¿Qué es lo más complicado de alfabetizar?

“No es complicado, hay que entrar en los procesos de enseñanza aprendizaje y hacer camino con cada persona, es muy bonito acompañar a una persona en esta apertura a la vida y a su dignificación”.

Y su vocación fue la teología que formaliza en Universidad Católica de Santiago de Chile, en 1971; “Luego estudié un par de años sociología y Educación (ambas en la Universidad Católica del Perú 1974 y 1981 respectivamente); en 2008 culmina un diplomado en Religión y Cultura Universidad Jesuita Antonio Ruiz de Montoya”, suelta en remembranza.

¿Entre la educación, la sociología y la teología? ¿Por qué?

“La teología para poder profundizar en el mensaje y fundamentos de nuestra fe y para ser capaz de dar razón de mi esperanza, la sociología, porque tenemos que ser capaces de analizar la realidad y descubrir en ella el querer de Dios, y la educación, porque me encanta compartir lo que aprendo y me gusta aprender de otras personas, todos podemos tener algo que aprender y algo que enseñar”.

¿Pero cómo llega a la Iglesia?

“Como algo natural, una familia religiosa, un colegio religioso, quise ser religiosa y por seis años tuve esa experiencia que marcó mi vida, pues me abrió a conocer la Palabra de Dios y eso puso mi vida en el camino del servicio”.

¿Por qué se describe como la hija del Concilio de Medellín?

“Más que nada de Medellín, pues durante el Concilio estoy en el colegio, pero ya durante mi vida religiosa fue Medellín, lo que da el tono y marca mi camino, la Iglesia está con los pobres, porque Dios así lo quiere, Jesús nació y vivió entre los pobres, es el camino para quienes queremos seguir a Jesús. Tenemos que escuchar el clamor de los pobres que brota de las injusticias que padecen, y debemos aprender a leer los signos de los tiempos. Los pobres son lugar teológico, optamos por ellos y estamos a su servicio. La Iglesia es de todos, pero de manera especial de los pobres”.

Su inexorable opción por los más humildes no la negocia, sabe lo que quiere. Anuncia el evangelio, pero denuncia. “Espíritu guerrero” o Laura no se acoquinó con la violencia reinante del Perú de los años 80. De allí que la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS) de Perú la llamara a integrar sus filas, ella misma cuenta: “En el 91 el obispo presidente, Monseñor Miguel Irizar, presidente también de DEJUSOL me pide ser la directora de CEAS, me dijo que quería hacer la promoción de la mujer en la Iglesia, y tuve el cargo por 16 años. Lo significativo fue seguir con DDHH, comenzar a ver el tema de la deuda externa y la Campaña del desendeudamiento, la Vida antes que la deuda. Asumimos el año Jubilar y en el 2006 dejo de ser Directora y me piden seguir en Doctrina Social de la Iglesia, que es lo que hago ahora junto con promover el trabajo de Justicia y Paz y el diálogo Interreligioso”.

¿Cómo ha logrado influir en un mundo eclesial tan incidido por lo masculino?

“La verdad es que cuando me invitaron a trabajar en CEAS, en el año 1989, ya tenía un largo camino como agente pastoral de zonas pobres en Lima Norte, y me llevaba muy bien con el obispo de la zona, Monseñor Alfredo Noriega, quien me tenía mucha confianza. Creo que porque lo trataba con mucho afecto y le decía lo que pensaba.

Nunca me han gustado los protocolos, y siempre he tratado a todas las personas con cortesía pero con mucha horizontalidad, todos somos hijos de Dios y por tanto hermanos y hermanas. Cuando entré a CEAS, conocí a muchos obispos, y a todos traté con cariño como a hermanos en la fe y a pastores cercanos. Cuando Monseñor Irizar me pide ser la Secretaria de CEAS, me dice que quiere hacer la promoción de la mujer en la Iglesia, y le respondo que si el confía en mí, yo haré todo lo que está a mi alcance para responder a su confianza.

Durante 16 años tuve la confianza de tres obispos y creo que pude hacer con el apoyo de todos los colaboradores y colaboradoras de CEAS un trabajo bonito y significativo. No todo es perfecto, siempre hay cosas por corregir, pero fue un tiempo donde pudimos aportar a la construcción de Iglesia al servicio de los pobres y de las víctimas de la violencia.

Aportamos a desarrollar la pastoral de los derechos humanos que ha sido una gran herramienta de servicio pastoral, a la Campaña la Vida antes que la deuda y a la celebración del Jubileo del año 2000, entre otras cosas muy valiosas. De hecho, y si me lo permiten, uno de los piropos más bonitos que yo he recibido, me lo dijo un obispo, me pidió un servicio y se pudo hacer muy rápido y me dice Usted es para los obispos como el agua bendita, y le digo, por qué me dice eso, y responde, porque nos saca de todos los apuros, ese era Monseñor Oscar Cantuarias que en gloria de Dios esté”.

¿Cree que puede haber mayor apertura en el seno de la Iglesia con el tema de las mujeres en tiempos de Francisco?

“De hecho, nuestro Papa es una maravilla, un regalo de Dios, y ya ha dicho que las mujeres debemos tener mayor reconocimiento y estar en lugares de dirección en la Iglesia que responda a todo el servicio que hacemos, pero también imagino, que son tantas las urgencias que tiene que enfrentar cada día, esperemos que se puedan seguir dando pasos de mayor apertura y reconocimiento, que creo es lo que Francisco quiere para la Iglesia”.

Dice que ha vivido en contextos de violencia como el de Perú del año 80, ¿Cuál sería su comparación del ayer y ahora con respecto al tema de la violencia?

“Creo que la violencia de ahora es más delincuencial, pero ya estamos frente a crimen organizado, sicariato y mafias por drogas es muy fuerte”.

En este punto, nos queda muy claro su papel en la Iglesia Católica latinoamericana. La imaginamos guerreando contra los más abyectos hombres de poder, acompañando a los más necesitados en lucha desigual por sus derechos. Entre las casitas de estero y palos, en medio de sus mujeres quechua-parlantes, a viva voz interpelando a los poderosos. Sin embargo…

¿Quién es Laura, la mujer, en su casa, con su familia?

“Trato de hacer todo lo que puedo, tengo una mamá muy anciana de 96 años y es un privilegio acompañarla. Dos sobrinos que la vida me ha permitido ayudar y acompañar y tres hermosos nietos; el mayorcito autista (8) que creo es una joya, aprendo mucho de él y los otros dos son un canto a la vida 5 y 3 añitos. Hay muchos otros sobrinos muy cercanos y muchos primos primas y algunas tías, una bendición.

¿Pudiera describir un momento inolvidable de su vida?

“Entregar a la Comisión de la Verdad y Reconciliación, nuestro informe del trabajo realizado durante los años de la Violencia política en Perú y desvelar el mural con los nombres de las 1800 víctimas, cuyas familias llegaron a nosotros en CEAS; se hizo en una acto público en la calle con mucha presencia de los familiares y amigos, un momento de gracia”.

¿Algún talento o dote artística que quiera compartir?

“Me gusta bailar, caminar y leer, no sé si hay mucho talento en esto”.

¿Qué le falta por hacer?

“Yo creo eso del evangelio “a cada día su propio afán”, hago lo que puedo, de la mejor manera que sé, y como la vida es gracia, le pido a Dios que me permita seguir sirviéndolo a través de su pueblo”.

Así es ella, sin ningún remilgo de vanidad, toda humilde, transparente; mujeres como ella son necesarias siempre, inagotables, a su paso tan sólo deja inspiración. Ella ama la vida, digna hija de Medellín, donde los pobres encontraron un camino y la Iglesia una salida que aún sigue latente en tiempos de Francisco.

PREGUNTAS DE PAREDÓN

¿Cómo se define?

Apasionada

Un color

Azul

Un lugar

La playa

Una pieza de ajedrez

Peón

Una virtud

Paciencia

Un defecto

No poner límites

¿Qué le inspira?

El Evangelio

¿Qué le indigna?

La injusticia

¿De qué se arrepiente?

Silencio

Un libro

La Cabaña

¿Qué nunca falta en su equipaje?

La Biblia

Un personaje

Facundo Cabral

Un Santo

San Romero de América

"Hoy hundimos nuestras manos en la tierra americana, para proteger la vida, para compartir el pan".

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