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Los pueblos indígenas, sujetos de su propio desarrollo

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    Admin
  • 6 jun 2016
  • 8 Min. de lectura

La Pastoral Indígena no es obra sólo de los Pastores de la Iglesia, sino acción colectiva de bases indígenas, de líderes autóctonos y de servidoras/servidores eclesiales de la causa indígena, así lo describe la hermana Luz Angélica Arenas, Secretaria de la Dimensión de Pastoral Indígena de la Conferencia Episcopal Mexicana.

Asimismo aclara que esta pastoral ha pasado por diversas etapas y nombres, por ejemplo, pastoral Integracionista y asistencialismo, donde se intentaba integrar a los indígenas a la Iglesia y a la sociedad. “Se trataba de asistir, ayudar a los indígenas en sus necesidades materiales: económicas, de salud, etc. Esta es la Pastoral Indigenista, donde el indígena era el “objeto” de la evangelización”.

Pero esa visión asistencialista ha ido trascendiendo, lo más importante es hacer de nuestros hermanos indígenas, sujetos de su propio desarrollo, por ello, “Poco a poco se ha ido pasando de ser solamente beneficiarios a protagonistas de su desarrollo humano y cristiano. En lo que ahora llamamos Pastoral indígena, el sujeto de la evangelización es la comunidad indígena, desde sus valores culturales, simbólicos. Es la Pastoral Indígena que llevan a cabo los indígenas para los indígenas”.

En México, la pastoral indígena es muy amplia, hay procesos muy antiguos en las comunidades y diócesis; procesos que abarcan la vida de los pueblos y sus diversos temas como son de salud, tierra y territorio, de agroecología, de derechos indígenas, de teología india, procesos de defensa del maíz, de formación y fortalecimiento de la identidad de los pueblos, de liturgia inculturada, de traducción de la Biblia y textos litúrgicos, etc.

¿Cuál es el balance en este periodo?

“Nosotros, como Dimensión de Pastoral Indígena de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social, durante estos últimos años, hemos sumado nuestro esfuerzo y hemos puesto nuestro granito de arena a esos procesos; hemos intentado caminar de manera cercana con los pueblos indígenas para acompañarlos en su experiencia de Dios y en el fortalecimiento de su proyecto de vida como pueblos, al que llamamos “El Proyecto Indio”, que se fundamenta en cinco pilares u horcones que han sostenido por siglos su vida como pueblos y que son: Territorio, Asamblea, Autoridades Tradicionales, Trabajo comunitario y Fiesta o Mayordomía. Este es un Proyecto civilizatorio con el que los Pueblos Indígenas siguen haciendo camino y buscando el Buen Vivir no sólo para ellos, sino para toda la humanidad. Nosotros hemos apostado por el fortalecimiento de este Proyecto, reconociéndolos como sujetos en este proceso, pues son ellos quienes hasta hoy, y por más de 500 años lo han conservado en gran parte.

Tenemos claro que los pueblos indígenas no sólo son objeto de evangelización, sino que ellos se han convertido en sujetos de evangelización en la Iglesia. Su honda espiritualidad es una riqueza en ella y por desconocimiento y prejuicios, nos hemos perdido la oportunidad de beber esa riqueza. Una de nuestras tareas ha sido reconocer y visibilizar esa riqueza.

Pero también los reconocemos como sujetos de desarrollo en la Sociedad, porque frente a mega proyectos de diversa índole, que tienen como fin el despojo de sus tierras y territorios, movidos muchas veces por fuertes intereses económicos que afectan gravemente la Casa Común, están los pueblos indígenas que tienen propuestas alternativas de desarrollo para esta sociedad, donde la tierra y el territorio, son el petate donde nos podemos sentar para tejer la historia de la humanidad en armonía y equilibrio.

Somos conscientes que las 68 culturas indígenas que hay en el país, siguen sufriendo nuevas formas de dominación y asimilación forzada, siguen sufriendo rechazo y discriminación en la Sociedad, e incluso en la Iglesia por ser otros, por ser diferentes. Nosotros reconocemos su derecho a ser diferentes.

Nuestra tarea ha sido caminar con ellos y seguir de cerca los procesos que van tomando en la defensa de sus derechos y en los compromisos que vayan eligiendo como rumbo para su propio desarrollo y para su vida de fe comunitaria, como ha dicho Mons. Guillermo Francisco Escobar, anterior Obispo responsable de la Dimensión e Pastoral Indígena. Reconocemos que se ha ido fortaleciendo en ellos una conciencia clara de lo que ellos son y tienen, lo cual, a su vez, se convierte en aporte y ofrenda para la construcción de otro mundo posible, pues ellos saben que en eso, tienen una palabra clara y contundente para señalar rumbos y caminos hacia ello”.

¿Cuáles son sus proyectos más emblemáticos?

“Como Dimensión Indígena, hemos trabajado de manera conjunta con otras dimensiones episcopales como la de Cultura, Biblia, doctrina de la fe y Liturgia un proyecto de traducción de textos litúrgicos y bíblicos al náhuatl. Es un proceso iniciado en el año 2012, en el que participan sacerdotes, religiosas y laicos representantes de la diócesis donde hay hermanas y hermanos de idioma náhuatl. Se ha conformado un equipo de alrededor de 40 participantes de 12 diócesis.

Realizamos tres talleres al año, donde se hace un trabajo de traducción que se decide a través de consenso, ya que el náhuatl tiene muchas variantes, luego esos participantes van a sus comunidades donde ponen en común lo que se trabajó en el taller para que ellos puedan dar su palabra sobre ese trabajo, en el siguiente taller van a dialogar el aporte de las comunidades, así éstas, se convierten en sujetos de este proceso.

Ha sido un proceso muy significativo en el que se han logrado traducir hasta el momento, el Ordinario de la Misa, una anáfora y ahora está en traducción el ritual de los sacramentos. En el encuentro del Papa Francisco con los Pueblos Indígenas en San Cristóbal de Las Casas, entregó el Decreto Pontificio donde se reconoce el Náhuatl como un idioma litúrgico.

Otro proceso significativo es el que se ha ido conformando con la Vida Consagrada Indígena, específicamente con las hermanas. Ellas se han ido asumiendo como sujetos importantes de transformación en la Iglesia, en sus congregaciones y en la sociedad, desde el reconocimiento de la riqueza de sus raíces. Se ha ido creando un proceso de fortalecimiento de su identidad, para que la enorme sabiduría y riqueza que han heredado de sus pueblos, no se pierda al llegar a sus congregaciones, sino que más bien, éstas puedan enriquecerse de esa sabiduría y espiritualidad.

Para ello, hemos unido esfuerzos con la Conferencia de Superiores Mayores de México, CIRM, para apoyar a las hermanas en este proceso de fortalecimiento de su identidad y de un trabajo de formación inculturada con superioras y formadoras que tienen hermanas indígenas en sus congregaciones.

Ahora estamos preparando en conjunto, el encuentro Nacional de Vida Consagrada Indígena que se realizará del 20 al 23 de octubre en la diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.

Nos hemos sumado al trabajo por el fortalecimiento de lo que arriba hemos nombrado como el Proyecto Indio, que es el Proyecto de Vida de los Pueblos, sustentado en los cinco pilares, acompañando su caminar y reflexión por el respeto a sus territorios, por su derecho a sus propias formas de autogobierno, de organización comunitaria y en sus fiestas, que es el espacio de actualización de la comunidad. Organizamos encuentros, talleres, los visitamos en sus comunidades para estar cercanos a su vida y reflexionar en alguno de estos pilares que los fortalecen y les dan identidad”.

¿Con cuáles otras organizaciones han articulado esfuerzos? Describa un poco estas alianzas

  1. Con el Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas, CENAMI, con quienes hemos colaborado en algunos encuentros de formación para agentes de Pastoral Indígena. Ellos son asesores de nuestra dimensión por la enorme experiencia que tienen de acompañamiento a los pueblos indígenas no sólo de México, sino de toda Latinoamérica.

  2. Con la Conferencia de Superiores Mayores de México, CIRM, con quienes hemos articulado esfuerzos para acompañar a la Vida Consagrada indígena en México, y hemos ido diseñando un proceso de formación inculturada para las superioras y formadoras con presencia indígena.

  3. Con las DIMENSIONES de: Cultura, Biblia, Liturgia y Doctrina de la Fe, para trabajar de manera conjunta, el proceso de traducción de textos litúrgicos y bíblicos al náhuatl.

  4. Con la Dimensión de Seminarios, vamos generando un proceso de acompañamiento a los Seminaristas indígenas de México. Hemos realizado algunos encuentros nacionales para estos seminaristas y actualmente estamos haciendo una reflexión para que nuestra colaboración no se quede sólo en la preparación de encuentros, sino que también vaya generando un proceso de formación y acompañamiento a los indígenas que ingresan al seminario.

  5. Con Amnistía Internacional y el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, hemos trabajado en conjunto algunos talleres y foros sobre el Derecho al territorios, a la Consulta y al Consentimiento libre, previo e informado de los Pueblos.

  6. Con Fomento Cultural y Educativo de la Compañía de Jesús, estamos haciendo una reflexión en el tema de derecho al territorio.

En medio de un clima social tan complejo en México, en medio de violencia y desigualdades sociales, ¿cómo logran ser mediadores e instrumentos de paz en las comunidades indígenas?

“Los pueblos indígenas tienen sus propios mecanismos para vivir la paz; tienen propuestas integrales y procesos ancestrales de paz y de reconciliación, ya que para ellos la paz tiene que ver con armonía en el corazón, con estar en armonía y equilibrio con todo lo creado; la paz es tener todo lo que se necesita para el buen vivir: vida digna, casa, techo; posibilidad de sembrar sus tierras y vivir la encomienda que se les ha dado de cuidarla como a una madre; danzar para ella y sostener su equilibrio y el equilibrio de la humanidad. La paz es la posibilidad de compartir con el otro, de caminar juntos e incluso de hacerse cargo de él; es vivir su sagrado derecho a la tierra y al territorio, y es ahí, donde en estos momentos está amenazada la paz de los pueblos; no se puede vivir una paz verdadera cuando están siendo gravemente despojados de ellos y empujados a la movilización forzada, a la migración a las ciudades en busca de trabajo y sustento, donde viven mucha discriminación y desigualdad.

Más que ser nosotros mediadores en procesos de paz, creemos que son ellos los sujetos que realizan y construyen la paz en sus comunidades. Como Dimensión, hemos ofrecido espacios de formación y fortalecimiento de su identidad como un camino para la paz; hemos ofrecido herramientas para la defensa de su tierra y territorio porque creemos que sin éste, no puede haber paz verdadera para los pueblos.

Hemos visibilizado las amenazas que han estado viviendo en este tema, pero reconocemos que todavía nos hace falta encontrar y ofrecer mecanismos de defensa de sus derechos. Nos hace falta una palabra más contundente frente a la grave pobreza y marginación que viven; hoy están siendo gravemente amenazados por la delincuencia organizada. Un reto que tenemos, es el de articular un área que les acompañe en ello; éste es un tema todavía pendiente que estamos reflexionando y trabajando junto con otras instancias eclesiales y de Sociedad Civil para responder a esta grave situación”.

¿Es posible que los pueblos originarios lleguen tomen el poder político en México y dejen de ser tan sólo manifestaciones alegóricas de cultura y monumentos? ¿Se han planteado eso alguna vez emulando un poco el ejemplo de Bolivia?

“Tanto como se ha dado en Bolivia no lo veo viable, ya que en Bolivia los pueblos indígenas son mayoría en el país, y hay menos diversidad de culturas, lo cual favorece la toma de decisiones. En México, aunque hay alrededor de 68 culturas, lo cual es una significativa diversidad, no son mayoría en el país como para dar este tipo de pasos.

Sin embargo, el camino que puede generar un cambio, es el del crecimiento, fortalecimiento y consolidación de las autonomías de las comunidades. El camino más antiguo es el de las comunidades zapatistas, pero hoy van surgiendo otras, como algunas comunidades de Michoacán, que expresan otra forma de vida sin desigualdades, sin violencia, con procesos de paz y reconciliación personal y comunitaria, que expresan otras formas de poder al servicio de la vida del pueblo, al servicio de la construcción de una Nación pluriétnica y pluricultural.

Y en esas otras formas, los pueblos van manifestando cada vez, con mayor fuerza su identidad, sus derechos y por lo tanto, van tomando espacios para visibilizarse y decirnos que no son simples monumentos o expresiones alegóricas. Que son pueblos, comunidades enraizadas en la riqueza de su identidad cultural y religiosa, que tienen un proyecto de vida no sólo para ellos, sino del que nos podemos beneficiar todos y todas”.

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